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Principal · Salud 6 de octubre de 2026 Por admin

Estos ejercicios ayudan a reducir los tropiezos después de los 60: qué músculos fortalecer para caminar con más seguridad

Caminar parece una actividad automática, pero en realidad implica una coordinación constante entre músculos, articulaciones, visión, sistema nervioso y equilibrio. Cada paso requiere levantar el pie lo suficiente para evitar obstáculos, mantener la estabilidad mientras el cuerpo avanza y, si algo sale mal, modificar rápidamente la posición de las piernas para evitar una caída.

Con el paso de los años, algunas de estas respuestas pueden hacerse más lentas. La marcha puede volverse menos eficiente, los pasos pueden ser más cortos y el pie puede pasar más cerca del suelo durante el movimiento. Esto no significa que las caídas sean una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino que mantener determinadas capacidades físicas adquiere mayor importancia.

De acuerdo con información del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos, los adultos mayores pueden modificar su estrategia al caminar: el tobillo aporta menos potencia durante el impulso y la cadera asume una mayor parte del esfuerzo. También pueden disminuir algunos movimientos articulares y aumentar el tiempo durante el cual ambos pies permanecen apoyados en el suelo.

Estos cambios pueden proporcionar mayor sensación de estabilidad, pero también pueden hacer que caminar requiera más energía y reducir la capacidad de reaccionar rápidamente cuando aparece un obstáculo.

El pie debe elevarse lo suficiente para evitar un tropiezo

Uno de los elementos que los investigadores han estudiado es la distancia mínima entre los dedos del pie y el suelo durante la fase en la que la pierna se encuentra en el aire. Cuando esa separación es pequeña, existe menos margen para superar una irregularidad del piso, una alfombra, un escalón u otro objeto.

Una investigación publicada en Frontiers in Public Health encontró que una menor distancia entre el pie y el suelo puede aumentar la posibilidad de que los dedos entren en contacto con la superficie y provoquen un tropiezo.

La situación puede ser todavía más exigente cuando ocurre algo inesperado, como un resbalón. Un estudio publicado en PLOS One comparó la respuesta de adultos mayores y jóvenes ante perturbaciones similares a un deslizamiento y encontró que los participantes mayores aumentaron menos la elevación del pie. También mostraron una menor flexión de la rodilla durante esa respuesta.

La combinación es relevante porque, ante una pérdida repentina de estabilidad, el organismo necesita modificar rápidamente la posición de la pierna para recuperar el equilibrio. Si esa respuesta es más lenta o limitada, disminuye el margen para evitar la caída.

Cinco ejercicios para trabajar fuerza y equilibrio

Las guías internacionales para la prevención de caídas recomiendan programas individualizados que combinen ejercicios funcionales, entrenamiento del equilibrio y progresión de la intensidad. La frecuencia también importa: para reducir el riesgo de caídas, las recomendaciones contemplan sesiones de ejercicio tres o más veces por semana durante al menos 12 semanas.

Uno de los movimientos más sencillos es sentarse y levantarse de una silla. Además de reproducir una actividad cotidiana, este ejercicio exige fuerza en las piernas y control del cuerpo durante la transición entre estar sentado y ponerse de pie. La altura de la silla y el apoyo de las manos pueden adaptarse a las capacidades de cada persona.

También puede incorporarse subir y bajar escalones, siempre que exista una superficie estable y, cuando sea necesario, una baranda o supervisión. Este movimiento combina fuerza de las piernas con control del equilibrio y reproduce una tarea habitual que puede representar un desafío para las personas con menor estabilidad.

Otra opción es caminar hacia adelante y hacia atrás en un espacio despejado. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento incluye caminar hacia atrás entre las actividades que pueden utilizarse para trabajar el equilibrio. Debido a que mirar hacia atrás modifica las referencias visuales habituales, este ejercicio debe realizarse con especial precaución y cerca de un apoyo firme.

El equilibrio sobre una sola pierna es otra alternativa. Puede comenzar con periodos muy breves y siempre cerca de una superficie estable que permita sujetarse si aparece inestabilidad. La dificultad puede progresar conforme mejora el control.

Finalmente, los ejercicios de fuerza con bandas de resistencia o con el propio peso corporal permiten trabajar distintos grupos musculares. La evidencia disponible indica que los programas que combinan fuerza, resistencia y equilibrio pueden contribuir a mejorar la movilidad y reducir el riesgo de caídas en adultos mayores.

La clave no está en realizar movimientos complicados, sino en desarrollar progresivamente la capacidad para producir fuerza y controlar el cuerpo durante actividades que se parecen a las de la vida diaria.

El tobillo tiene un papel fundamental

Entre los músculos que participan en la prevención de tropiezos destaca el tibial anterior, situado en la parte delantera de la pierna. Su función principal incluye la dorsiflexión del tobillo, movimiento que permite levantar la parte delantera del pie.

Durante la fase de balanceo de la marcha, esta acción ayuda a mantener los dedos separados del suelo. Por eso, la fuerza y el control del tobillo forman parte importante de una caminata estable.

Sin embargo, esto no significa que fortalecer exclusivamente los músculos del pie sea suficiente para prevenir caídas. Una revisión publicada en Physical Therapy & Rehabilitation Journal encontró que determinados ejercicios de pie y tobillo pueden mejorar la fuerza de la flexión plantar, la movilidad del tobillo y algunos parámetros del equilibrio, pero la calidad de la evidencia fue baja o muy baja y no se pudo demostrar que estos ejercicios por sí solos reduzcan las caídas.

La estabilidad al caminar depende de un sistema mucho más amplio en el que participan los tobillos, las rodillas, las caderas y el tronco.

La rodilla también debe responder rápido

La investigación sobre los resbalones aporta otra pista importante. En el estudio publicado en PLOS One, los adultos mayores mostraron una menor flexión de la rodilla que los participantes jóvenes cuando tuvieron que responder ante una perturbación.

La flexión de la rodilla permite modificar rápidamente la posición de la pierna y puede contribuir a elevar el pie cuando se necesita recuperar el equilibrio. Por ello, los autores plantearon que los músculos involucrados en este movimiento podrían ser objetivos relevantes para el entrenamiento.

Esto ayuda a entender por qué un programa de prevención de caídas no debería limitarse a caminar más. Caminar es beneficioso, pero el entrenamiento de fuerza y equilibrio puede aportar capacidades específicas que intervienen cuando el terreno cambia o aparece un obstáculo inesperado.

Una caída puede ser una señal de que algo necesita revisarse

No todas las caídas se explican por falta de fuerza. Los medicamentos, los problemas de visión, las alteraciones de la presión arterial, las dificultades de equilibrio, el calzado inadecuado y las condiciones del hogar también pueden aumentar el riesgo.

Por esta razón, el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento recomienda informar al médico cuando se produce una caída, incluso si aparentemente no hubo lesiones. Las guías internacionales también aconsejan preguntar de manera periódica por caídas, mareos, inestabilidad al caminar y miedo a volver a caer.

La valoración médica cobra especial importancia cuando los tropiezos comienzan a ser frecuentes, aparece debilidad nueva, existen mareos al ponerse de pie, dolor en los pies o cambios notorios en la velocidad de marcha. En estos casos, un profesional puede revisar medicamentos, visión, audición, sistema cardiovascular, calzado y condiciones de seguridad dentro del hogar.

Cuando es necesario, también puede recomendarse fisioterapia u otro tipo de rehabilitación.

Envejecer modifica la manera de caminar, pero no significa perder inevitablemente la capacidad de moverse con seguridad. Trabajar de manera regular la fuerza de las piernas, el equilibrio, la movilidad de los tobillos y la capacidad de reaccionar puede ayudar a conservar la autonomía y a enfrentar con mayor seguridad los pequeños imprevistos que forman parte de la vida cotidiana.

admin

Equipo editorial de Código México.